Una villana, un epílogo y un nuevo relato
Hay epílogos que parecen cerrados… hasta que una villana decide que su historia aún no ha terminado.
Ayer comencé una nueva historia: un relato corto relacionado
con una de las novelas de la serie Las Encantadoras Damas de Mrs. Bushby’s
School. Estaba a punto de iniciar el séptimo libro —ya tenía escogido al
villano, uno del cual ya había escrito y que ahora encontraría su triste
final—, así que me puse a releer la serie completa. Fue entonces cuando llegué
a esa parte de uno de los epílogos donde se mencionaba a otra villana cuyo destino, según
me han dicho algunas lectoras, no les pareció del todo justo.
En ese momento me pareció lógico que, siendo una mujer tan
ladina y manipuladora durante toda su vida, no sería una sorpresa que
obedeciera a su propia naturaleza. Pero lógica y justicia son dos palabras que
no comparten ni significado ni sentimiento: una es producto de la práctica; la
otra, un ideal casi inalcanzable.
Y como lo que todo lector (y escritor) busca en
las historias es un poco de esa justicia que nos permita escapar de la realidad,
decidí que era tiempo de convertir esas pocas palabras dedicadas en un epílogo
en una justicia proverbial cargada de historia, choque cultural y lucha
espiritual, todo mezclado con una variopinta colección de gente malvada.
Sí, sí.
Una de esas veces en las que te duermes con un nudo en la
cabeza y amaneces con la mente burbujeante de ideas.
No habrá romance, aunque sí habrá un matrimonio entre dos personas tan escalofriantes que se merecen la una a la otra.
Esta idea, la de escribir una historia de suspenso y un poco de terror, me ha estado rondando desde hace unos días.
Haciendo otra recopilación de información, me encontré con El Vampiro,
de John William Polidori, el médico personal de Lord Byron y uno de los nombres
clave del nacimiento del terror moderno. Una historia demasiado breve, pero que
devela el lado oscuro de la sociedad londinense.
Este relato también me servirá como base para la séptima
entrega de LEDDMBS, desde luego, aunque no desde el punto de vista del terror.
Lo cierto es que, recordando mi promesa hecha al final de El Honor de un
Marqués, es hora de que mis historias tengan a un verdadero bastardo, y
aquí encontré la pieza que hacía falta para darle el sentimiento que le faltaba
a esa narración.
Pero primero lo primero: el relato corto. Darle el final
merecido a mi villana y luego saltar directo a la siguiente novela principal… o
no. Después de todo, aún no termino de releer todas las novelas de aquel universo. Nunca se
sabe qué otro recoveco inconcluso te puedes encontrar mientras lees.
"Y ustedes, cuando leen una historia, ¿prefieren que la lógica fría guíe el destino de los personajes o son de los que necesitan ver una justicia poética implacable, cueste lo que cueste? ¡Cuéntenme en los comentarios si alguna vez un epílogo los dejó con ganas de ajustar cuentas!"


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